Es muy frecuente oír a aspirantes a la política, de todo nivel de gobierno, tener como argumento de sintonización electoral que no pertenecen o forman parte de la política tradicional. La opinión pública ya decepcionada de sus gobernantes con sesgo ideológico cae sobre el anzuelo mediático y se termina por aplaudir al populismo aventurero.

Sin embargo, cuando los políticos ya sentados en el poder se olvidan del discurso no ideológico porque la realidad es más poderosa que sus discursos de campaña. Mientras tanto sus electores conceden un periodo de gracia electoral para perdonar por el retraso de promesas que quizás nunca llegarán como lo prometido con el gas a doce soles en el régimen de Ollanta Humala.

El fracaso político del actual gobierno de Martín Vizcarra, también así lo demuestra. El Perú tiene un presidente en actividad sin bancada parlamentaria, sin movimiento o partido político que sea como un muro de contención social o capital político que responda a un programa de gobierno. Nada de eso hay. Se prefirió tener popularidad mediática antes que eficacia de gobierno.

Sin duda, la designación del nuevo presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, serviría para enviar señales al ecosistema político. La derecha peruana recibe con aplausos; mientras que la izquierda tiene sus reparos. Los sectores con discurso de no pertenecer a la política tradicional tienen su propia agenda electoral; aunque muchos de ellos podrán tener un discurso para ganar elecciones, pero finalmente al llegar al gobierno se alinean a los ejes ideológicos de izquierdas o derechas.

Domingo, 19 de julio de 2020