Con gran sentido común expresa el filósofo italiano, Umberto Eco, que «las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar de la misma manera que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles». Esta opinión me trae a colación los innumerables ataques o insultos que se profieren los políticos en medios de comunicación y con mayor visibilidad mundial en redes sociales.

Y es que una cosa es un ataque político y otra muy distinta es un insulto como viejo recurso primitivo, los mismos que con más frecuencia se oían y desde el anonimato a través de emisoras radiales. Sí, en la radio aún la gente puede llamar a cabina y proferir insultos en muchos casos en complacencia de los propios conductores. Pero en estos tiempos esa interacción social también se trasladó a las redes sociales con otros nuevos actores como los “trolls” y “bots”.

Cuando los políticos o sus corifeos confunden atacar con insultar a sus adversarios olvidan que en frente tienen a varias audiencias que los siguen, y su credibilidad podría estar en juego. No todos comprenderán el mensaje de la misma manera. Hay de algunos que sancionarán la actitud. Pero también es posible que el insulto caiga bien en sus militantes o simpatizantes, el tema es que uno se vuelve esclavo de lo que dice o promete, y si lo dicho es negativo, sin duda se le recordará por algo no positivo. Es algo así como la lógica del formato informativo de las noticias, donde llama más la atención lo no cotidiano.

Domingo, 10 de marzo del 2018