Algunos candidatos presidenciales comienzan a desesperarse y en la primera ocasión que tienen atacan a sus adversarios políticos con expresiones o frases de acrimonia. No importa adjetivar, lo importante es creer que con el agravio se debilitará al oponente y los electores cambiarán su intención de voto a su favor. ¡Eso no llega a suceder!

Los electores tienen su definición electoral con el que mejor simpatía perciben o en el que más les parece confiable. Todo depende de cuánto se conoce del candidato. Para ello se requiere conocer de su pasado, trabajo e incluso su vida personal para no tener sorpresas como la publicación del “Perfil del lagarto” que logró dar a conocer el sinuoso camino de funcionario público de Martín Vizcarra.

Para tales ataques, nada mejor que utilizar los titulares en periódicos y entrevistas radiales o en televisión. No importa si el canal elegido sea el que nadie ve o nadie lee. Después de semejante artillería verbal, las redes sociales harán su trabajo en replicar el contenido. Y si el disparo dio en el blanco, no hay duda que generará comentarios a favor o en contra en la opinión pública.

En fin, la ciudadanía quiere que los políticos resuelvan sus problemas y no que se enfrasquen en peleas o agravios desde los medios de comunicación. Un ejemplo es que, al observar, en la vía pública, alguna gresca callejera la gente no se pone a analizar quién gana o pierde la pelea. Por lo general las personas se alejan de las riñas por una reacción instintiva y cuidado que a veces se solidarizan con los que parecen débiles. Esa actitud se mantiene en tiempos de pandemia.

Domingo, 21 de marzo de 2021
Diario Correo – Huancayo