No hay mal que por bien no venga, reza el refrán. En los últimos días se desató un encendido debate (por lo menos así se notó en redes sociales), en relación a la estrepitosa salida del inefable periodista, Philliph Butters de Radio Capital. Para muchos cibernautas, su separación fue una medida ejemplar a su bravuconería en contra de la “ideología de género”. Sin embargo, para otros, significaba incluso un atentado a la libertad de expresión debido a la presión económica de los auspiciadores.

Y para dolor de cabeza de sus detractores, Butters estará de regreso en otra emisora radial y posiblemente en un canal de televisión. Sin duda, sus detractores le pusieron demasiados reflectores al punto de victimizarlo y ponerlo en vitrina. No olvidemos, que un personaje mediático es un activo político y comercial, y por ende, rentable para algunos intereses.

Cuidado, Donald Trump, se hizo presidente de EE. UU. no como político, sino como un pintoresco personaje de televisión. A la vitrina que coyunturalmente tiene Butters, hay que recordar que la política es mucho más que reflectores, porque cuando estos pierden su luminosidad; se apagan y se queda a oscuras y la caída suele ser aún más dolorosa.

De lo malo, lo bueno. César Hildebrandt (años que no está en televisión), Rosa María Palacios y su salida de América Televisión, Augusto Álvarez Rodrich de Perú 21 y Aldo Mariátegui de Correo, son algunos periodistas que encallaron al frente de un medio de comunicación. ¿Cuál fue el motivo?, aparentemente algún tipo de presión económica u política. ¿Pero ellos lograron voltear la página?

Domingo, 12 de marzo de 2017