Tal parece, que no fue el espíritu navideño que ablandó el corazón del gobierno para abrir heridas y polarizar aún más a los peruanos debido al indulto que se otorgó al expresidente, Alberto Fujimori. Sin duda, la jugada de ajedrez respondía a una estrategia diseñada desde hace mucho tiempo atrás. Es más, todo el esfuerzo fue desde que recuperaron su capacidad de organización y fuerza electoral en los dos últimos procesos electorales.

Para los fujimoristas, el juicio que mantuvo en prisión a su líder nunca fue probado fehacientemente, que se le juzgó a través de la extrapolación de una teoría de “autoría mediata” para la sentencia. La persecución era más bien una venganza política de sus adversarios derrotados. Según ellos, nunca se probó los cargos que para la mitad de los peruanos era contundente.

Con la locomotora parlamentaria de color naranja (71 de 130) definieron los objetivos para que responda a una estrategia eminentemente política si la acusación era política. Y, claro que lograron uno de sus objetivos al salir airosos con el indulto. Previamente, se las ingeniaron para arrinconar a los PPkausas; fomentaron burdamente una división y disputa al interior del fujimorismo entre Keiko y Kenji que sirvió solo de elemento distractor.

Dividieron al parlamento con el tema de la vacancia. Y una vez más, la lógica de los medios de comunicación intentó anteponerse a la lógica de la política y ese fue el error. No vieron el contexto. Fujimori ya está libre, y de seguro comandará su ejército, y ahí es donde las fuerzas políticas deberán actuar con inteligencia para definir una línea opositora que haga contrapeso político.

Domingo, 31 de diciembre de 2017