El discurso político que enarbola el cambio fue utilizado prácticamente por la totalidad de políticos desde la vuelta a la democracia en 1980. Al parecer, la búsqueda de lo nuevo como alternancia a las promesas incumplidas es lo que mueve en una dirección u otra el sentido del voto del elector peruano.

Alan García I (1985) antagonizó a Fernando Belaunde. Alberto Fujimori incluso puso el nombre de Cambio 90 a su partido político para apelar un nuevo rumbo. Luego apareció Alejandro Toledo con su propuesta de más trabajo en tiempos de recesión económica. Alan García II (2006) utilizó como slogan “El cambio responsable” para conquistar a un elector que aún desconfiaba de él. 

Ollanta Humala (2011) supo aprovechar vacíos que dejó el gobierno de Alan García, y con mucho tino se puso el polo blanco para según él hacer la diferencia. Pedro Pablo Kuczynski (2016) incluso se atrevió a colocar las iniciales de su nombre para su partido político “Peruanos por el Kambio – PPK”. De hecho, su preocupación se centró en la forma y no en el contenido. PPK nunca logró construir un musculo político como muro de contención política. 

En el caso del presidente Pedro Castillo utilizó muy bien algunos símbolos como el sombrero y el lápiz para diferenciarse con la promesa de no más pobres en un país rico. No obstante, su campaña electoral también enarboló al cambio. Por consiguiente, si la ciudadanía no percibe el cumplimiento de las promesas de campaña; el maestro chotano puede terminar tal como la suerte política de sus antecesores elegidos democráticamente.

Sin embargo, lo que exponen como propuesta de gobierno es incertidumbre (política y económica) entre apetitos por el poder. No solamente están obligados a cumplir lo prometido, sino algo muy difícil que es convencer que realmente intentan hacer un bueno gobierno.

Domingo, 5 de setiembre de 2021
Diario Correo – Huancayo