Presentar nuevas candidaturas a menos de un año del proceso electoral (elecciones presidenciales 2016), con el supuesto mensaje de “cambio” o propuesta personalísima con discurso de clarividencia, solo hace suponer, que se le hace el juego a alguien o a muchos, lo cual no sería nada nuevo para la historia política del Perú.

Quizás, para algunos analistas se trata meramente de un outsider, personajes que desde mi punto de vista producen un daño irreversible a la débil institucionalidad democrática de nuestro país. Sin duda alguna, es el aun reflejo del espíritu caudillista que heredamos de nuestra clase política y que nos cuesta dejar de lado.

Así, lo demuestra la reciente precandidatura de la congresista, Verónica Mendoza por el Frente Amplio, que hace suponer entre otras cosas, que una vez más la izquierda le hace el juego a la derecha peruana. Estamos en política y la política es estrategia, que si se tiene que cerrar el paso a alguien, entonces hay que hacerlo.

Y tal parece, que la parlamentaria cuzqueña ganaría en las elecciones primarias para representar a la izquierda peruana. Empero, cerrar el paso (con candidato outsider) a candidaturas que vienen de atrás no es algo nuevo, ya PPK lo demostró el 2011 al cerrarle el paso a Toledo y canalizar los votos desorientados del Toledismo (en febrero del 2011, Toledo tenía 30% de intención de voto).

Si logra hacerse de la candidatura, no cabe duda que restará votos a alguno de los candidatos que están en carrera, pero no trascenderá en cuanto a propuesta política. Lima y la clase emergente del interior del país se lo impedirán, el Perú del 70 y 80 y quizás 90 ya es diferente.

Lunes, 24 de agosto de 2015