Es cierto que el ser humano por naturaleza es político. Aún, demostrando apatía o indiferencia ya define una posición política. Sin embargo, desde las ciencias sociales se pueden emitir opiniones particulares en distintas direcciones. Pero algo muy distinto ocurre cuando se analiza de manera sistemática desde los números para comprender algunos comportamientos y tendencias.

Los candidatos, lejos de autodefinirse políticamente deberían realizar un análisis minucioso de cifras electorales para identificar tendencias y así tener el norte estratégico de sus campañas. No todo es entusiasmo y optimismo; que se es joven, mujer, empresario, honesto, tener experiencia o ser la voz del pueblo.

Al revisar los datos electorales del 2016, claramente se observa que en el resultado final de segunda vuelta, sólo un poco más 41 mil votos fue la diferencia entre PPK y Keiko Fujimori que definió la presidencia de la República. Los fujimoristas, declararon posteriormente que “les robaron la elección”, algo que jamás se llegó demostrar.

El fujimorismo arrasó diferentes regiones como Lima y Junín. En Lima, la suma de la totalidad de sus congresistas elegidos superó más de un millón de votos. En la región Junín superaron los 160 mil votos como partido (colocaron tres parlamentarios). Será muy difícil volver a alcanzar esas cifras históricas por los sucesivos ataques que recibieron y entre ellos, por el desgaste político. Pero sin duda, ya es un interesante colchón electoral, pero creo que la verdadera revancha del fujimorismo podría darse recién en las elecciones presidenciales del 2021.

Domingo, 01 de diciembre de 2019