Inevitablemente, la expectativa política lograda por Perú Libre en las elecciones de octubre de 2018 tendrá su impacto en el corto plazo, debido a que no esperaban ganar tanto y ahora toca gobernar. Ganaron la región Junín junto a principales bastiones electorales como la provincia de Huancayo y los distritos de El Tambo y Chilca (que representan más del 40% del electorado).

Y no creo que ayude colocar en la agenda pública los salarios del gobernante. Las idas y venidas en torno al hospital de Satipo. En Huancayo, sino fue alguna declaración desafortunada fue la embestida a los venezolanos. El alcalde de El Tambo, prometió renunciar si no solucionaba para setiembre el ingreso a Huancayo. Mientras que en Chilca, aparecen actividades que se empecinan en llamar programas.

Para el caso de los gobiernos locales, los vecinos quieren que se solucione el metro cuadrado de su espacio. Es posible que exista varias demandas a nivel macro, pero se debería priorizar y segmentar la densidad demográfica y en función a ello, planificar políticas públicas y comunicarlas.

La comunicación de gobierno no es maquillaje de una gestión. Actúa de la mano con políticas públicas concretas. Y lo es menos si se la considera y arrincona solo de modo publicitario. Incluso, cuando la política falla se le culpa a la comunicación o al agobio del sistema de medios que no reconocen los aciertos. Pero no es así. Todo comunica. Por ello se necesita profesionalizar aún más la comunicación de gobierno para una mejor comprensión de su importancia y que sin duda, su contribución será más potente de lo que se imaginan.

Domingo, 07 de abril de 2019