Es imposible no hablar, por estos días, de lo que significó el genocidio demencial provocado por Abimael Guzmán con Sendero Luminoso. Las nuevas generaciones deben saber que existió o existe aún, un grupo ideologizado de corte marxista – leninista que se alzó en armas para destruir el Estado en la década de los ochenta. Sendero Luminoso no logró su objetivo de llegar al poder, pero un pueblo que no conoce la verdad de su historia puede volver a pasar por los mismos errores.

Las huestes terroristas de Sendero Luminoso fueron responsables del asesinato de miles de ciudadanos entre civiles, militares y políticos. La denominada guerra popular del campo a la ciudad, al mismo estilo de Mao Tse Tung, fue en nombre de la lucha de clases. Para Abimael Guzmán, la revolución China (1949) fue una fuente de inspiración revolucionaria porque, en Perú, no había una clase proletaria tal como si lo hubo en Rusia con Vladimir Lenin (1917).   

¿Cuánto perdió nuestro país en términos de desarrollo social y económico? ¿Cuánto perdió nuestro país con lágrimas derramadas por miles de inocentes? ¿Cuánto perdió nuestro país por la desesperación que llegó al nivel de estrés demencial de las fuerzas del orden que tenían la responsabilidad de defender la democracia para luego lograr que las víctimas fueron los culpables?

En fin, después de una guerra suelen aparecer las voces para explicar cómo pudo hacerse mejor las cosas, pero la diferencia es que se juzga desde la comodidad de un espacio y tiempo después. La sangre derramada por Sendero Luminosa jamás será olvidada por los peruanos. El comienzo y final de una historia lo escriben los vencedores de una guerra. ¿Habrá llegado el final de la guerra ideológica contra el pensamiento Gonzalo?  ¿Sendero Luminoso fue derrotado ideológicamente?

Domingo, 12 de agosto de 2021
Diario Correo – Huancayo