Cada vez que un ciudadano expresa con su voto su preferencia electoral, es posible que lo haga con el convencimiento de que entrega su confianza para que en su representación se administre celosamente los recursos del Estado. Si esa confianza llega a defraudarse, inmediatamente se ingresa a un círculo vicioso de descrédito generalizado.

En las elecciones municipales y regionales del 2018 nuevamente los peruanos estaremos de manera obligatoria frente a un contexto de delegación de confianza. Y por supuesto, otra vez aparecerá el dilema de por quién votar para gobernante. La duda persiste, la incertidumbre asecha voluntades y al final tendrá que salir elegido quien mayor votación obtenga. ¿Saldrá electo el mejor?

Muchos políticos e ilusos de momento alternan su ya conocida “marca partidaria” como si se tratara de cualquier cambio de camiseta. Pierden o valoran poco su identidad política que adquirieron. Saltan de un lado a otro con su objetivo personal de servir al pueblo o servirse a ellos mismos.

No se trata de ser un poco conocido para aparecer en cada proceso electoral con diferente “marca partidaria”. Tener un contenido propio, una identidad proba es lo ideal, pero aproximarse a ello serviría de sobremanera para cerrarles el paso a muchos aventureros cuya única motivación es saciar su ego personal. El desempeño de esa insensatez política en el caso de ser elegidos es mediocre ya sea como congresistas, alcaldes o gobernadores quienes sin mayor remordimiento defraudan a sus electores al poco tiempo de acariciar el poder.

Domingo, 26 de noviembre de 2017
Diario Correo – Huancayo