Tal parece que quedarán en el recuerdo las otrora y masivas convocatorias que el SUTEP y Construcción Civil nos tenían acostumbrados. Ahora, son los agricultores quienes tienen la capacidad para  movilizar a miles de manifestantes para poner contra la pared al gobierno, imponer su agenda y exigir desde la calle sus pretensiones.

Es posible que los tradicionales gremios sindicales ya no tienen el respaldo popular de una población que vive una realidad distinta al de los años dorados de los partidos de masas. Con el pasar de los años se produjeron cambios en lo social, político y sobre todo económico. En la biblia se dice que no solo de pan vive el hombre, pero tener algo en los bolsillos ayuda mucho cuando se tiene hambre. Esa es una realidad.

En los últimos días miles de agricultores salieron a las calles para exigir al gobierno central que atienda sus demandas. Las fallas del mercado provocaron el desplome del precio de uno de sus productos estrella, la papa. Temerariamente, el gobierno respondió aduciendo que el problema se debía a un factor de sobre producción. Es posible que la respuesta sea cierta, pero cuando la ambivalencia del modelo económico trae consecuencias como la inequidad en la redistribución de la riqueza, donde pocos tienen mucho, es ahí donde surge el disentimiento para generar la chispa para una convulsión social.

Incluso el Papa Francisco en su reciente visita no se mostró silente y consideró que el actual modelo económico necesitaba revisión. ¿Acaso se agudizan las contradicciones?

Domingo, 04 de febrero de 2018