Seguramente, en una campaña electoral usted vio la atención mediática que el sistema de medios cubrió sobre algunos episodios anecdóticos que sucedieron como; arrodillarse en un debate, la entrega de un jabón a un adversario, una exhibición de box o incluso, endilgar frases de acrimonia a cuanto rival se tiene en frente para según los propios candidatos debilitarán a sus contrincantes.

La mayoría de esos actos con excesiva “dosis de emocionalidad” no contribuye a lo que la gente reclama durante décadas a la política y especialmente a los políticos. Claro, los actos intencionados publicitariamente atraen la atención
como una burbuja comunicacional, pero eso es todo, es de corto tiempo. No ayuda, tampoco sirve a la política. Recordemos a los que hicieron el ridículo en su paso por la política y terminaron sin pena ni gloria.

Sin embargo, es cierto que la comunicación es emocional y sobre todo, la comunicación política es “hiperemocional”. Empero, hacer política, es mirar el futuro, ordenar el horizonte programático de manera racional, analizando variables que realmente le sirva a la gente. Temas como inseguridad ciudadana, corrupción o violencia de género pasan a un segundo plano por el exceso de “seudoacontecimientos”.

Luego comienzan los problemas al momento de obtener el triunfo. Los hechos anecdóticos de show mediático que aparecieron en campaña o si ya se está en gobierno como PPK, que junto a sus ministros realizaron ejercicios en el patio
de la casa de gobierno que finalmente no sirvió de nada al momento de tener a modo de defensa un muro de contención política de largo aliento.

Domingo, 19 de enero de 2020