Después de un proceso electoral, los ganadores enfrentan enormes desafíos ya sentados en el gobierno. Dirigir los destinos de una Nación nunca es una tarea fácil. Es la etapa donde los gobernantes están obligados (en la práctica) a cumplir con las promesas de campaña. Por el lado de los que perdieron la elección, es el momento para construir su propio musculo político para el próximo proceso electoral.

Sin embargo, como la derrota electoral deja heridas abiertas, a veces difíciles de cicatrizar, los que perdieron se ubican inmediatamente en el lado de la oposición y articulan toda su artillera política para despotricar las decisiones del Gobierno. Por lo general, casi todas las medidas de los gobernantes serán criticadas por sus adversarios. Los pocos aciertos pasan desapercibidos y se recordarán con más fuerza los errores.

¿Qué es lo que sucede con la lógica política? El error político surge cuando los gobiernos confunden el momento en el que se encuentran. En la etapa de gobierno se debería tener como objetivo la construcción de consensos para gobernar, debido a que la política, por su propia naturaleza, se encuentra en una situación de crisis propensa. Llegar a gobernar no implica continuar con la campaña electoral que tiene otra finalidad.

Recientemente, el Gabinete Ministerial presidido por Mirtha Vásquez obtuvo el voto de confianza para ejecutar su plan de trabajo. Se consiguió el respaldo parlamentario con un estrecho margen (68 votos a favor y 56 en contra).

No obstante, al día siguiente el presidente Pedro Castillo volvió a criticar a la oposición en un ejercicio de tirar por la borda lo poco conseguido. A este paso, la gestión gubernamental del maestro de Chota se empecina en ser etiquetado como el gobierno que no le importa construir consensos sino el disenso (no consenso) político que puede resultarle como cavar su propia fosa política.  

Domingo, 7 de noviembre de 2021
Diario – Correo