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Estamos a poco más de cuatro meses para que concluya el proceso electoral 2018 para gobiernos locales y tal parece que esta campaña terminará en más de lo mismo, en una venta política. Ya se puede observar dispendio de recursos económicos para promocionar al candidato en diversos soportes como en el pintado de paredes (la práctica obliga que a más pintas, más posicionamiento), banderolas, gigantografías, afiches, volantes, spots de radio y televisión y todo cuanto material sirva para el triunfo. Si se gana, seguro que dirán que fue por alguno de estos soportes. ¿Quizás?

Se preocupan por informar quien es el candidato, pero en cuanto a explicar con claridad el mensaje como propuesta, que finalmente legitimará al gobernante como un vehículo de comunicación con la población, absolutamente nada.

Es que muchos líderes políticos o gerentes de corporaciones empresariales (más aún en sociedades en vías de desarrollo con débil crecimiento económico) consideran que hacer comunicación no es prioridad. Sin embargo, cuando las ventas bajan, o cuando la aprobación de gestión de gobierno es negativa, ahí es donde se ven en apuros y apelan a la intuición, y buscan para ello cualquier forma de anuncio con la idea de estar comunicándose.

Se olvida que en todo momento comunicamos de modo consciente o no, pero de igual manera comunicamos. La comunicación electoral, de gobierno o corporativa necesita ser gestionada con un mensaje claro para que tenga efecto congruente en una sociedad que exige ser comunicada mejor.

Domingo, 20 de mayo de 2018
Diario Correo – Huancayo