Finalmente, el gobierno determinó que los peruanos deberían continuar con ciertas restricciones de libertad y quedarse en casa por quince días más. Aparentemente, la medida de “manu militari” es acatada por la gran parte de la población, pero no en su totalidad. Lo cierto es que el espíritu criollo de la población que no depende de un salario mensual, sale a la calle a realizar algún comercio y visibiliza el reto de autoridad que pretende imponer el gobierno central.

En días recientes, muy cerca a los principales mercados numerosos comerciantes salieron a las calles para vender productos comestibles. Las calles y veredas parecían no estar en “cuarentena”. Seguramente, la gente salió a comprar lo necesario para mantener llena la refrigeradora y aumentó la demanda de alimentos.

Pero de pronto, el desorden y el “distanciamiento social” que debería ser exigencia quedan a voluntad personal. Es totalmente comprensible, la gente comienza a impacientarse cuando se acaba los alimentos en casa y tiene que trabajar diariamente para llevar dinero a casa. En el Perú, más del 70% de los peruanos forman parte del empleo informal y no disponen necesariamente de una remuneración mensual.

Mirando el bosque y no el árbol, nos preguntamos, ¿qué sucederá después del doce de abril? Se ampliará la medida de emergencia para quedarse en casa. ¿Cómo será la vida después de ciertas restricciones de libertad? Tal parece, que nada será igual a como vivíamos hasta hace algunas semanas. El otro gran problema será enfrentar la catástrofe económica que se producirá y que incluso podría traer más víctimas que una pandemia.

Domingo, 29 de marzo de 2020