Cuando Alan García, regresó en el 2000 para participar en las elecciones presidenciales, dijo entre otras cosas; “sin odios ni rencores”. Con tamaña noticia sobre su muerte, volvió a despertar pasiones en la población; algunos con nostalgia como sus simpatizantes y otros, continuaron expresando frases de acrimonia, odios históricos e incluso con algo de inmundicia en redes sociales, sentimientos de falsa fe religiosa en días de Semana Santa.

Alan García, ya no está con nosotros. Fue un guerrero político ya caído en su propio terreno. Pero quizás, ahora la victoria política estará en manos de sus adversarios, ¿qué harán con ella? ¿Les servirá de algo? No lo sé. Si ya en vida lo culpaban de todo. Incluso creo que lo único que los mantenía en vida era despotricar furibundamente de él y el APRA, olvidándose de mirar la paja que tenían en su propio ojo.

Se fue en un contexto que la opinión pública ya lo había sentenciado culpable sin escuchar sentencia judicial. Pero cómo no ser culpable en la percepción ciudadana en un país que el sistema de medios te acorrala al no llegar a acuerdo. Y con un público emocional que mayoritariamente lee el “Trome” o le encanta ver “Combate” o “Esto es guerra”.

Sí, una población como dice el historiador, Hugo Neira, con poco razonamiento, que solo cree en lo primero que ve o lee y que no duda de lo que los medios informan. Alan, ya todo terminó para ti, para tu partido dependerá de su militancia. ¿La historia lo absolverá?

Domingo, 21 de abril de 2019