El 2018 será un año electoral (municipal y regional). Y se despierta con ello la inquietud de algunos ciudadanos de servir al país, según ellos, movidos por su vocación de servicio y solidaridad. Y tal parece, que entre ellos también participarán varios periodistas deseosos de ingresar al terreno pantanoso de la política.

No lo sé porque lo hacen, pero deberían saber que al salir de un escenario político como en el caso peruano, sus posibilidades de éxito son casi nulas. Algunos saldrán desprestigiados y acusados de incompetencia y peor aún, señalados como corruptos. ¿Si el alma humana podría ser visible, quizás podríamos identificar sus verdaderas motivaciones? En todo caso, veamos a sus ojos y sabremos lo que su alma encubre.

Es cierto, los emprendedores lo arriesgan todo por sus emprendimientos para conseguir el éxito. Pero cómo entender entonces tales propósitos de ingresar a la política si se avista en un horizonte incierto de fracaso y desprestigio.

¿El poder o el dinero? Muchos políticos, aparentemente prefieren el poder al valor material que consiguen a través del dinero. Sin embargo, el poder no es eterno, y lo saben bien porque es efímero y tiene un final. Tal vez, será por esa razón que la desesperación no tanto sea por el poder de hacer las cosas en el marco de una visión de desarrollo, sino por el alojo de un sentimiento ególatra. También es posible que el valor monetario sea más fuerte que lograr el bien común. ¿Amor al chancho o a los chicharrones?

Domingo, 16 de abril de 2017