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Hace algunos años por motivos de trabajo conocí a un rector de una universidad en Huánuco. El inteligente y carismático académico, comentaba a su grupo anfitrión que en su equipo de trabajo de su organización identificaba claramente a tres niveles de colaboradores; los búhos, topos y ratas.

Los búhos, son aquellos colaboradores que por su propia personalidad tienden a ser analíticos, reflexivos e incluso conspiradores de escritorio. Se trata de los que intentan llevar la teoría a la práctica. En el caso de los “topos”, se trata de aquellos trabajadores eminentemente operativos, son los que laboran como hormigas y están atentos al más mínimo encargo de sus superiores. Para bien o para mal su trabajo determina resultados concretos.

Finalmente, nuestro amigo rector citó a las “ratas”, aquellos personajes que por lo general se les encarga el trabajo que nadie quiere hacer. Su propia naturaleza determina sus habilidades en su trabajo y por ende, una percepción un tanto negativa. Total, no se puede pedir a una serpiente que no muerda.

Concluyó su intervención, recordando que en una oportunidad de reunión de trabajo con sus colaboradores, situación en donde todos opinaban de todo y nada sobre el tema en cuestión para llegar a una conclusión sobre el tema. Puntualizó; “para búho vasto yo”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Domingo, 11 de setiembre de 2016
Diario Correo