Toda esta canibalización política deviene de la incapacidad de los políticos por construir consensos mínimos de gobernabilidad. Los peruanos no terminaban de llorar a sus familiares víctimas por el coronavirus y aparece este escándalo político que probablemente, una vez más, terminará en desgracia política.

En cada proceso electoral, aparecen políticos con discursos (con claros sesgos extremistas) que alimentan odios en la población. La finalidad siempre es la misma; captar la atención del electorado para llegar al aparato estatal. Ya en el cargo, su “alta dosis populista” les cobra la factura y comienzan los problemas.

Alberto Fujimori, fustigó a los políticos tradicionales y terminó preso por corrupción. Alejandro Toledo, también apareció con la promesa de destruir a sus antecesores y llegó a prisión. Alan García, eligió su propio desenlace mortal. Ollanta Humala, maldijo la corrupción y a políticos de antaño y terminó igual o peor. La promesa de “Kambio” de PPK nunca llegó, renunció al cargo por corrupción y nos dejó con toda esta catástrofe política.

Fue un error político del presidente Vizcarra de creer que él solo tiene la lectura social de lo que ocurre en política y de lo que se debería hacer. ¡Menospreció a los políticos que encontró! En toda sociedad democrática se tiene un ecosistema político al que hay que comprender sus aciertos, errores y defectos; pero no para eliminarlos sino para aprender a convivir con ellos. Porque, “nunca un triunfo político es para siempre, tampoco las derrotas son eternas”.

Domingo, 13 de noviembre de 2020
Diario Correo de Huancayo