Difícil situación por lo que atraviesa la militancia de Perú Libre. Fue muy duro el golpe que significó la repentina salida de la escena política de su líder, el gobernador de la región Junín, Vladimir Cerrón. No se habla de las razones
judiciales en su defensa o no se quiere entender, pero de seguro que el tiempo hará su trabajo.

Pero más difícil es todavía la situación de Fernando Orihuela. Él deberá tomar decisiones políticas para resolver la disyuntiva de; “hacer lo que quieren que se haga” (partidarios de Perú Libre), “hacer lo que él quiere hacer” (su propia ambición personal) y lo otro, es hacer lo que su función pública como flamante gobernador le exige la ley.

Parece que el partido y su dirigencia le respirarán en la nuca. ¿Lo dejarán trabajar? ¿Tendrá autonomía en sus decisiones? Él mismo habló de que no cambiará nada y que continuará con todo lo que dejó su antecesor. Entonces, pareciera que todo seguirá igual en un contexto social y político que exige cambios.

El “poder político” se parece a la miel que todos quieren probar y retener. Pero en la cadena alimentaria de la política, hay quienes nacen cazadores y otros para ser cazados. Y peor aún, es casi imposible tener contento a toda la tribu. Es una circunstancia provocadora en donde, Fernando Orihuela, deberá elegir entre estar con los lobos o con el rebaño. No hay mucho tiempo, ya se perdió demasiado. Y ojo, la revocatoria podría estar a la vuelta de la esquina para terminar sin pena ni gloria.

Domingo, 25 de agosto de 2019