Le guste o no a los políticos que a la hora de llegar a gobernar, ostentan un cierto “poder” para hacer las cosas. Ahora bien, el hecho de estar en política los vuelve personajes altamente visibles ante los ojos de la población. Pero el tema es que en estos tiempos se está ante la mirada de un público que cada vez más desconfía de los políticos, más por su eficacia de gobierno.

Siempre habrá la posibilidad de una consulta, queja o reclamo que necesita ser atendida por un funcionario público. La gestión de gobierno (lo mismo ocurre en algunas empresas privadas) se resisten a parecerse en una suerte de ventanilla de atención las 24 horas del día y los 365 días al año. Se impone el horario de oficina con la burocracia de la mano. Y ni modo, la tecnología ya está con nosotros, e irrumpe inevitablemente de modo transversal en el modelo de organizaciones (públicas o privadas).

No imagino a empresas con alto potencial tecnológico como google, facebook o Amazon que establezcan horarios de atención burocrática al público. Por qué las organizaciones de gobierno ni siquiera intentan parecerse a esos modelos de servicios de calidad. Ok se dirá que es distinto una empresa privada y una entidad de gobierno. Claro, pero ahí va la complejidad del talento humano para cambiar aquello que funciona mal.

No obstante, rodearse de los mejores es complejo, y lo es más cuando hay que pagar favores políticos. Para tener y retener talentos se requiere generar contextos de desarrollo profesional, de lo contrario esperarán el momento para salir, y a veces, corriendo.

Domingo, 14 de abril de 2019