Una de las causas de resquebrajamiento del orden social en un Estado democrático, es cuando los responsables (políticos) de cuidar la gobernabilidad, no lo hacen. Es cierto, llegan a ocupar un cargo público por mandato popular, sin embargo, en cuanto llegan al poder, traicionan al pueblo y lo primero y último que hacen es sacar ventaja al cargo que ostentan. Total, ya en el gobierno, hay que echar mano a todo mientras se puede.

No es posible que un gobierno que a través de sus corifeos se la juega el todo por el todo para la designación de un cargo clave, como fue la designación para “Procurador Púbico” a alguien que pertenece a su entorno más cercano (Correo 02-06-17) . Sin temor a equivoco, sí pudieron hacer esta maniobra que podrá ser legal pero que carece de legitimidad, ya dan muestra que están dispuestos de realizar cualquier cosa para ocultar su podredumbre de gestión.

EL cargo para Procurador Público, debe ser para un profesional con marcada solvencia de independencia, pues se trata que él defenderá los intereses del Estado y deberá denunciar cualquier acto de corrupción. ¿Alguien puede creer que el abogado Jean Díaz actuará con total independencia? ¿Estará dispuesto a denunciar a su propio jefe?

Si el gobernador regional, Ángel Unchupaico, en los años que fue locutor o periodista radial acuñó la frase con mi pueblo no señor, y bien vale la pena recordarle que la población lo observa. El poder es efímero (llega y se va). Los periodistas y comunicadores sociales, deben tener en cuenta que su vocación de servicio es con el pueblo; callar no es una opción y hablar ya es una obligación moral.

Domingo, 04 de junio de 2017
Diario Correo