Es cierto, vamos en dirección a una sociedad que se hace cada vez más libre y global, y por ende, más compleja de interpretar o gobernar. El desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicación de la mano con el “periodismo ciudadano”, mueven constantemente el epicentro del poder mediático y político.

El fujimorismo, pretende atraer reflectores con su iniciativa legislativa por lo cual se anhela, según ellos, garantizar el derecho a la información, volviéndola “objetiva y veraz, plural y oportuna de la sociedad”. El proyecto de ley, contempla que estarían imposibilitados de ser directores periodísticos, editores o productores e incluso no podrán ser miembros del directorio, accionistas o gerente general de un medio de comunicación, todo aquel que tenga una sentencia firme o condena por delitos de corrupción en contra del Estado.

Para algunos defensores del “status quo” mediático, semejante iniciativa puede ser considerado como un total despropósito. Sin embargo, nunca puede estar demás el traer a debate el rol de los medios de comunicación y su incidencia.

Vivimos en un país en donde cualquier persona sin mayor oficio conocido puede al día siguiente volverse periodista y estar el frente de un medio de comunicación. Muchos de ellos de respetable opinión, pero otros utilizan los micrófonos, las pantallas de televisión o publicaciones impresas para difamar o incluso llegar a la extorsión (siempre hay incautos que caen). De la nobleza periodística ni el asomo. Constitucionalmente tenemos libertad de expresión, pero no podemos dejar que el libertinaje periodístico se convierta en un “hampa mediático”.

Domingo, 26 de marzo de 2017