Para el filósofo Platón, el poder absoluto no sólo corrompe a quien lo ejerce, sino que priva de dicha y libertad a los hombres. Con esa definición de hace siglos se demuestra cuán peligrosa puede resultar la sensualidad del poder. Y en esa dimensión, la inteligencia emocional de los gobernantes es fundamental para evitar caer en desgracia política o en la cárcel como Alberto Fujimori, Alejandro Toledo , Ollanta (Nadine) y para algunos la lista continuará.

El poder y política son dos dimensiones que van en una relación de causa – efecto. Esa superposición indistinta de interdependencia, obliga a que los hombres pierdan el sentido de la razón en sus determinaciones. La ambición desmedida se pone de manifiesto desde el lado inconsciente; ahí es donde aparece el aislamiento, traiciones, complicidad y el crimen.

En el Perú, resulta paradójico que unos años después sean los perseguidores y perseguidos los que se junten para respirar el mismo aire en un penal. Fujimori – Montesinos con Abimael Guzmán, y ahora Ollanta Humala que desde el “Lucumbazo” del año 2000 compartirá hoy las paredes de la prisión con Alberto Fujimori.

Los expresidentes, Alejandro Toledo y Ollanta Humala, se aislaron con sus esposas y su círculo más cercano, para saborear en bandeja lo que el poder en cinco años les otorgó. No dejaron generales políticos, mucho menos se preocuparon para dejar una sólida estructura partidaria que les permita tener voz cuando ya la lisonja no este de su lado.

Domingo, 16 de julio de 2017