Al parecer, el fujimorismo con su fuerza electoral post la caída del patriarca de los Fujimori, más se preocuparon por reagruparse para retomar el poder y no necesariamente en cómo retenerlo una vez conseguido. Tal como señala, Moisés Naím, “el poder es más fácil de conseguir, difícil de retener y mucho más fácil de perder”. La confianza con el electorado es un valor insustituible para los políticos, que al perderla resulta un acto suicida.

En varias ocasiones escribí sobre la importancia y necesidad (ahora impostergable) de construir consensos para tener gobernabilidad. El consenso se convierte en una suerte de búsqueda irrenunciable, que me atrevo a decir que incluso es tan o igual de importante como cumplir promesas de campaña. Esto ocurre, especialmente en sociedades con alta fragmentación política como es el caso peruano.

Los líderes del fujimorismo no tuvieron visión política de construir consensos. Con el triunfo electoral en el 2016, ahí fue el inicio del fin. Obtuvieron, 73 parlamentarios de 130. Se cegaron con el poder. El poder es efímero. La etapa de gobierno es un proceso político infinito.

Por otro lado, el presidente, Martín Vizcarra, incapaz de construir consensos, pateó el tablero político. Pero lo importante es que la construcción de consensos no tiene temporalidad ni etiqueta partidaria. También será una exigencia para el mandatario, incluso ahora que gobernará sin oposición. Un tiempo quizás tendrá aplausos, pero luego se buscará culpables e irán tras él. ¿Quiénes? Él lo sabe. ¿Lo dudan? Miren como terminaron los ex presidentes del Perú.

Domingo, 06 de octubre de 2019