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Una de las escenas más traumáticas que millones de peruanos pudimos ver en televisión y en vivo y en directo, sin duda, fue los miles de dólares que el ex asesor del fujimorismo entregaba a cuanto personaje (político, periodista, empresario y demás) se cruzaba en su camino a cambio de contar con su apoyo.

Es posible que la corrupción exista en casi todos los países, pero no creo que todos evidenciaron su miseria política como en el caso peruano; con pruebas, no indicios ni sospechas, lo putrefacto en lo que puede convertirse una sociedad copada por mafiosos con ansías de poder a cualquier costo.

Y oír a Acuña, argumentar una defensa pétrea sobre las imputaciones de autoría intelectual de un libro, para luego y en simultáneo ser desmentido por el legítimo autor, pone en evidencia la tremenda catadura moral de quien pretende gobernar a más de 30 millones de peruanos (ya me imagino lo que haría desde Palacio). En contraste, fueron las declaraciones del verdadero autor del libro al negar de manera diáfana lo que en esos momentos se explicaba en conferencia de prensa, pues pone en relieve que la decencia académica, sale a luz, quizás queda poca pero hay y lo poco tenemos que cuidar.

Tengo una hija de ocho años y me preocupa lo que hoy observa sobre plagio de tesis, libros y demás y su percepción de que su esfuerzo intelectual no sirve para nada cuando se tiene “plata como cancha”. Si Acuña permanece en campaña, podría producir un daño irreversible a millones de jóvenes que creen en la educación. Daño irreversible, tal como lo logró el fujimorismo en los años 90 y su compra de conciencias para corromper la sociedad.

Domingo, 07 de febrero de 2016