“El pescado comienza a podrirse por la cabeza”. Algo parecido ocurre en la política, los políticos y acaso también en las instituciones que juraron respetar. Lo peor que puede sucederle a un político es defraudar la confianza otorgada por sus electores. Esa relación entre simpatía y confianza al ser resquebrajada es casi imposible de recuperar.

Con cada día que pasa nos enteramos de nuevos episodios del caso “Vacunagate”. ¿Por qué los peruanos vivimos cada cierto tiempo escándalos políticos de escala internacional? El periodista Carlos Paredes declaró, hace unos días, que no debería llamar la atención las actitudes del expresidente Vizcarra porque él ya tenía ese proceder cuando fue gobernador en Moquegua. ¿Qué sucedió? ¿La prensa calló cuando tenía que hablar?  

El francés Dominique Wolton sostiene que el espectro social en comunicación política es una suerte de interacción entre políticos, periodistas y opinión pública. Esa tensión que debería existir tal como al graficar un triángulo equilátero es lo que sostiene el sistema. Si un actor se acerca demasiado al otro extremo (políticos y prensa) es ahí donde comienza los problemas.

Para fortalecer la institucionalidad política y democrática de nuestro país requerimos de mejorar la calidad de los políticos, aunque a veces no hay mucho por escoger. Necesitamos también una autentica libertad de expresión con un sistema de medios que no se incline al poder político de turno. Si los periodistas no investigan debajo de la alfombra de los políticos dejarán en riesgo a la democracia. No importa pasar de héroes a villanos a los políticos que defraudan la confianza del pueblo.

Domingo, 21 de febrero de 2021
Diario Correo – Huancayo