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La política no es el fin, es el medio por el cual se intenta busca el bien común o la justicia social. Es común oír quejas y lamentaciones de gobernantes que están al frente de una institución del Estado, en donde a pesar de haber creído ciegamente en su intuición de que “obras son amores” la ciudadanía no tiene una percepción positiva a su gestión.

Nuestro actual Ministro del Interior, Daniel Urresti (48%) tiene más aceptación que el presidente Ollanta Humala (24%) e incluso de Nadine Heredia (28%). En mi opinión, la causa de esto se debe al discurso “no político” que transmite el Ministro,  pues si la política no es el fin, entonces el discurso no tiene que ser político.

Sin duda, un gobernante puede tener una buena gestión, pero si su comunicación gubernamental es desastrosa o nula, este difícilmente conseguirá objetivos electorales y mucho menos logrará una percepción favorable a su gestión, pero vemos que a veces la comunicación política es  considerada como algo circunstancial e instrumental.

Urresti con sus expresiones sencillas, claras y a veces con cierta informalidad cumple una de las caracterisiticas de comunicación política, en donde él  establece una conexión directa con la población, como cuando se refirió al caso Orellana – Benedicto Jiménez; “va un gol, falta dos” para luego afirmar “van dos goles falta uno”. Semanas después su nivel de aprobación subió considerablemente, poniendo nerviosos a algunos presidenciables.

Diario Correo
Sábado, 06 de diciembre de 2014