En temporada de proceso electoral los candidatos conforman un equipo humano que por lo general acompañan y organizan movilizaciones. En la práctica se les denomina como a los que integran el comando de campaña o cuarto de guerra. Es en ese espacio donde se definen las principales decisiones durante la campaña.

Sin embargo, ese equipo que debiera ser multidisciplinario que reúna talento humano para conseguir el objetivo electoral, a menudo se conforma casi por casualidad o necesidad. A veces, si aparentemente el candidato tiene posibilidades de ganar tendrán el comando de campaña lleno de voluntarios.

Si el objetivo se logra, ese mismo equipo reaparece con un empleo en la gestión de gobierno. No importa mucho la pertinencia profesional que exige la administración pública, total se puede modificar los instrumentos de gestión para que ingresen los que más pegaron afiches o más arengaron. Esos sujetos, expertos en casi todo son los que al final terminan por arruinar los compromisos de campaña. Y claro, no faltarán los aportantes que reclamarán la inversión y los hay también quienes llegan desde el cielo como amigos de los amigos o familiares.

Seguramente, si se decide realizar investigaciones científicas a nivel explicativo (causal) se podrían identificar las causas de muchas variables que determinan la precaria calidad de servicio y corrupción que se observa en los gobiernos. El hecho de que cada gobernante, cual captura del poder como botín, no llega solo, sino con su equipo de trabajo donde la pertinencia o el mérito profesional se van al tacho, produce un daño irreversible al Estado peruano.

Domingo, 19 de agosto de 2018
Diario Correo – Huancayo