Con mucha habilidad política, el fujimorismo logró colocar en agenda pública y mediática el tema del indulto presidencial para su líder, Alberto Fujimori. Coincidentemente, el mes de setiembre fue escenario del llamado a inconscientes colectivos sobre la violencia terrorista de Sendero Luminoso. (Captura de Abimael Guzmán, liberación de Maritza Garrido Lecca y acciones de narcoterrorismo). Cuestión aparte, fue la caída del gabinete ministerial. ¿Alguien lo duda?

Nadie o muy pocos habrían podido advertir que después de tres quinquenios desde el año 2000, el fujimorismo volvería a tener vida política y orgánica para convertirse en la primera fuerza electoral (72 de 130 parlamentarios). Lo que los convierte en una importante fuerza política capaz de arrinconar al gobierno para plantear su propia agenda política a cualquier precio.

Ahora bien, las aparentes discrepancias al interior de su bancada parlamentaria con Kenji Fujimori, no fue otra cosa que puro show mediático para llamar reflectores y centrar atención en lo que el menor de los Fujimori decía tener como propósito de vida; la liberación de su papá.

Posiblemente, si existe algún tipo de acuerdo entre el gobierno y los fujimoristas deben estar buscando el escenario ideal para reducir pasiones contrarias, y lo más oportuno podría ser la visita del Papa Francisco a Perú, prevista para enero del 2018. ¿Qué es lo que queda por hacer? A los partidos políticos, redefinir su estrategia política para una convivencia democrática sin vuelta al pasado.

Domingo, 24 de setiembre de 2017
Diario Correo – Huancayo