Para el presidente Ollanta Humala, liderar los destinos de un país se asemeja a la conducción de una “combi”, con esta expresión, nos da una muestra de sus credenciales en cuanto a formación política, y peor aún, a su análisis y compresión de lo que es realmente hacer política, la misma que es considerada como el gran instrumento de búsqueda del bien común. Lejos estaría de reflexiones de un corte mucho más estadista a nivel de gobernabilidad.

La cultura combi, que hace manifiesto el presidente, también recrea, el caos que existe en nuestra fauna política, como el caso de los parlamentarios que se fueron de la propia bancada nacionalista (argumentan incomprensión, deslealtad e incoherencia), se van sin el más mínimo decoro institucional, para luego intentar ganar notoriedad al contar su drama político.

Quizás, como no hay otra opción y la necesidad de llegar a nuestro destino es imperiosa, abordamos una combi e indirectamente se da el consentimiento para que el cobrador y conductor, hagan lo que les dé la gana con las reglas de tránsito para llegar al próximo paradero, incluso al costo de exponer la vida de los pasajeros.

Desafortunadamente, millones de peruanos aún tenemos que transportarnos en una combi. Por nuestra propia seguridad y futuro, ello no implica que tengamos que elegir a nuestro próximo presidente, a alguien que nos recuerde a viva voz el pésimo servicio que brinda y que encima insulte a pasajeros que prefieren irse a otro vehículo al ver los compromisos incumplidos. Todo a consecuencia de una precaria institucionalidad a nivel de partidos políticos.

Domingo, 01 de noviembre de 2015