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Foto: Semanaeconomica.com

La utilización de datos que se obtiene de una encuesta (sobre todo si es formal y seria) puede resultar muy útil para planificar una estrategia de campaña comercial o electoral. Sin embargo, para el caso electoral, quedarse en el análisis de quien va en primer lugar puede ser una sobre estimación de la información. Ni derrotismo, ni triunfo anticipado. Cuidado que puede existir errores metodológicos. Las encuestas no predicen el futuro.

Seguramente, los que van adelante utilizan como arma publicitaria el resultado (Acuña repartió miles de volantes con la noticia de portada y Guzmán por redes sociales). Pero lo que menos deberían hacer los que no se sienten favorecidos, es rechazar los estudios y no priorizar como herramienta de trabajo su instrumentalización.

Si tengo una invitación para asistir a una casa, lo mínimo que debo saber es el estado de ánimo de esa familia (fiesta o velorio) para ver cómo voy vestido. De tal manera, si deseamos conocer la psicología del elector es menester tener estudio de mercado propio. Tenemos que entender que el miedo al rechazo social por no apostar a ganador es sensible, más si hay un bombardeo publicitario de quien va a delante o quien baja.

¿A qué se juega? A manipular el inconsciente colectivo de la población, a forzar una percepción de que hay muchos que tienen la invitación para la fiesta, el miedo, puede ser no tener invitación o quedar fuera. Miedo al rechazo social. Y a quien no le gustaría como en el colegio ser invitado a la fiesta de los jóvenes más populares, posiblemente habrá algunos que no querrán asistir, pero la mayoría espera ser invitado.

Domingo, 14 de Febrero de 2016