Un transportista me comenta; “nosotros consumimos mucho combustible y de ahí se genera impuestos para mover la economía y hacer obras. Ponemos nuestra herramienta de trabajo para liberar al Estado de darnos empleo”. Sin embargo, es el mismo Estado que a través de sus autoridades locales se convierten en enemigos de la pequeña inversión.

El reclamo  es cotidiano. Y por supuesto que lo es, algunos alcaldes se convierten en enemigos de la pequeña inversión (como el comerciante o transportista) y casi nunca de los grandes capitales, a ellos van con loas, zalamería al punto de perder su identidad ideológica, si la tienen. Muchos con cierto tino se reducen a estirar la mano en el momento propicio. Y otros, están más preocupados por su futuro político que por mejorar la transitabilidad de sus calles. Ilusos, su miopía política les impide ver que, solucionando esos temas recurrentes podrían conectarse mejor con su electorado. En fin, ellos mismos se disparan a los pies.

En Huancayo, El Tambo y Chilca, solamente basta con hacer un breve recorrido por algunas calles para comprobar la calidad de pistas que hay. Las calles, que deberían ser el principal reflejo de cómo está organizada urbanísticamente una ciudad, muestra en todo su esplendor el nivel de autoridades que se tiene. La evidencia; son los desniveles que en cada paño de concreto existe, innumerables baches y rompemuelles que están por todas partes, dando la bienvenida a nuestros visitantes o los que ozan transitar. Y claro, con palo al transportista que día a día ve que su herramienta de trabajo se deteriora.

Domingo, 05 de marzo de 2017