¿El fútbol mueve pasiones? Por su puesto que sí. La pasión forma parte de nuestro estado emocional. Todos los seres humanos lo tenemos. Quizás, de ahí se entienda que cientos y miles de peruanos arriesgaron muchas cosas para viajar a Rusia y alentar a la selección peruana de fútbol.

Cada cuatro años el mundo entero se paraliza durante un mes para presenciar la disputa de 32 países por conquistar la anhelada Copa Mundial de Fútbol. Es la máxima competencia mundial de fútbol masculino que se desarrolla desde 1930.

Sin embargo, cada encuentro futbolístico suscita una tensión emocional para los aficionados. Los analistas deportivos señalan que el fútbol es maravilloso porque el resultado es impredecible. Esa es su magia, porque no se sabe quién ganará el encuentro.

Por lo expuesto, en cada partido, generalmente nos dejan expuestos ante un resultado inesperado. ¿Por qué ocurre lo inesperado que domina tanto nuestras emociones? Sencillamente, porque muchas selecciones de fútbol no tienen definida una estrategia deportiva competitiva y de juego específico. Muchas de ellas se suben a una ola intuitiva de lo desconocido frente a sus adversarios.

Diseñar una estrategia implica tener control de las variables planteadas. Conlleva unir el talento en cada táctica específica (jugadores) para conseguir el objetivo general. Pero nada de esto funcionaría si no se cuenta y analiza a la competencia en base a información recopilada (cuantitativa – cualitativa). La competencia mundial ya comenzó y se pondrán de manifiesto cada estrategia en acción. Si se pierde un partido, es que falló la estrategia o nunca se diseñó nada.

Domingo, 17 de junio de 2018
Diario Correo – Huancayo