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Cuando los políticos tienen una alta desaprobación responsabilizan de sus problemas a la falta de comunicación (publicidad). Con ello, no solo dicen una mentira, sino que también culpan al Estado por el bajo presupuesto para promocionar sus obras (la publicidad es solo una herramienta de comunicación incapaz de sustituir acciones concretas de gobierno). Ya quisiéramos que sea un tema publicitario, donde solo tendríamos que remplazar a los responsables del área y el problema estaría resuelto. Pero no es así. La política actúa por sí sola, y sus efectos tienen y tendrán una repercusión comunicacional e incluso si se permaneciese en silencio.

Y resulta anecdótico que el saliente gobernador regional de Junín, Ángel Unchupaico, señalara que su gobierno realizó innumerables obras pero que lamentaba que le faltó presupuesto para más publicidad, muy a pesar que su gestión habría destinado más de 54 millones de soles en servicios publicitarios durante su mandato.

¿Una gestión de gobierno puede inclinarse desesperadamente en hacer publicidad? Seguramente que sí y de hecho es lo más fácil. Pero el tema es más complejo que solo colocar una pauta publicitaria cuando hablamos de comunicación. Se trata de contribuir a la construcción de legitimidad y consenso en la ciudadanía. Si la contundencia de las obras es evidente, la comunicación actuará de manera directa.

Ahora bien, afirmar que se gobierna bien pero que se comunica mal, es considerada en los círculos académicos de comunicación política como una mentira. Tal como lo señalan; Mario Riorda y Luciano Elizalde en su libro, “Comunicación Gubernamental 360” que vale la pena estudiarlo.

Domingo, 30 de diciembre de 2019
Diario Correo – Huancayo