El historiador Hugo Neira asevera que los que están en contra del indulto al expresidente Alberto Fujimori tienen razón y, por otro lado, los que están de acuerdo con el indulto también tienen razón. Esta reflexión que hace no tiene por qué ser considerada como un ataque a la autoestima de los peruanos, ni tampoco a la memoria colectiva. Todo lo contrario, nos debe servir para comprender como están constituidas nuestras actuales estructuras sociales y hacia dónde vamos.

Si todo estuvo bien antes de abril del 1992, porqué el fujimorismo en los años 90 gozó de un amplio respaldo popular y lo es también en estos tiempos con una amplia mayoría parlamentaria. Eso es lo real. No comparto la idea de los que opinan que respaldar al fujimorismo es por ser un descerebrado o desprovisto de una mínima capacidad de inteligencia.

Será posible que algunos sectores más apegados a la izquierda no perdonan que el fujimorismo desmanteló al gran estado burocrático que la dictadura de Velazco Alvarado generó, que Belaunde lo mantuvo e incluso Alan García en su primer gobierno tampoco lo modernizó hasta tocar fondo.

El caos económico, la burocracia dorada, el terrorismo ideológico son detonantes que aún recuerdan los peruanos que con su propia interpretación política, hacen que sus preocupaciones van más por el progreso de sus familias. La promesa de un Estado paternalista quedó en el pasado. Es cierto que la corrupción corroe al Estado, pero es un tema estructural que hay que combatirla. Estamos frente a una masa social que se informa y comunica de manera diferente. ¿Hacia dónde vamos con el fujimorismo?

Domingo, 07 de enero de 2018