A estas alturas ya está expedida la captura internacional al expresidente, Alejandro Toledo. Y es posible que tal medida legal no culmine solamente en él. Sí, es cierto, es muy doloroso ver como se desangra nuestra clase política por los escándalos de corrupción que día a día se revelan en el caso #odebrecht.

Empero, e independientemente de lo que devendrá el curso legal a cada uno de los procesados o implicados (algunos más que otros) por diferentes casos de corrupción, y sin temor a equivoco, creo que existe un fuerte componente de responsabilidad política muy difícil de eludir, que los obliga a dar un paso al costado. La población no los perdonará.

No solamente en el Perú, sino en varios países de Latinoamérica la democracia está quedando herida. Afortunadamente, no estamos en la década de los ochenta, porque de lo contrario ya se habría encendido la chispa para una convulsión social. La renovación de actores políticos es un imperativo social en estos momentos. ¡Que sean otros los que conduzcan nuestros destinos!

Claro, el riesgo es alto de que los nuevos políticos también sean pasibles de los viejos vicios de corrupción, “…pero ni modo, con estos bueyes tenemos que arar”. En democracia, logramos ponernos de pie frente al terrorismo. Sin duda, es necesario un recambio en la clase política, pero de nada servirá sino se fortalece aún más la institucionalidad en nuestro país. Que las instituciones no pesen por personas, sino por su propia fuerza interior; desde los partidos políticos hasta los tres poderes del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). No pretendamos llegar a una noche de los cristales rotos.

Domingo, 12 de febrero de 2017