El ser humano es migrante por naturaleza, el hecho de conocer nuevos lugares dejan de ser solamente un viaje de paseo para convertirse en un nuevo horizonte y asentamiento para sus familias. Durante décadas, miles de peruanos se fueron principalmente desde el Ande a la Costa, en busca de prosperidad, y al no encontrar la tierra prometida de industrialización y modernidad con suficiente trabajo, optaron por el auto empleo (emprendimiento).

Miles de ellos, hoy están en desgracia material, pero estoy seguro que no decaerán en sus esperanzas de forjar un futuro diferente para sus hijos. No obstante, esa migrante fuerza laboral contribuyó progresivamente a que nuestro país alcanzara indicadores de crecimiento económico sostenido. El Perú creció económicamente en promedio entre 5% y 6% anual, son cifras oficiales que se dan en los últimos quince años.

Sin embargo, en las últimas semanas la furia de la naturaleza arremetió y desbordó varios ríos en Lima, con lo cual se encargó de poner al descubierto cualquier exceso de triunfalismo económico y expuso nuestra precariedad estructural de desarrollo. Se espera que con la inyección económica y declaratoria de emergencia desde el gobierno central se coadyuve a los más de 72 mil damnificados.

Por otro lado, sí es cierto, tienen bastante asidero lo que afirma el docente universitario, Walter Rey Navarro en su libro, “Crecimiento no es desarrollo” (Salud – Educación). Necesitamos poner al ser humano por encima de la inversión, ya sea al capital que viene desde el Estado o del privado.

Domingo, 19 de marzo de 2017