Ya son varias semanas o incluso meses que Kenji, el menor de la familia Fujimori acapara las primeras planas de casi todos los diarios de la capital, y en ese mismo tono de comunicación emocional, también aparece temerariamente en cuanto convenga una entrevista por televisión. Y sin duda, escribir textos con 120 caracteres en el tuiter se ha convertido en su potente trinchera de comunicación.

Aparece en redes sociales, y utiliza para ello gráficos que asemeja a magas japonesas de anime. Pero lo curioso es que en la mayoría de sus apariciones comunica muy poco o casi nada temas trascendentales para la vida diaria de los peruanos. Es más, él tiene la responsabilidad de trabajar por su electorado que lo convirtió en el parlamentario con más alta votación. ¿Qué hace?

Traiciona el encargo del electorado al caricaturizar y convertir en un show mediático su participación política con episodios como el colocarse una cinta en la boca al momento de hacer uso de la palabra en pleno debate parlamentario cuando el país esperaba el desenlace del anterior gabinete ministerial, e incluso, hacer intervenir a su madre en temas eminentemente particulares. Y me parece, una audaz estrategia el supuesto enfrentamiento con la dirigencia de su partido. Yo no me creo ese cuento.

Esperemos, que estas apariciones mediáticas no respondan a una estrategia para desviar atención de otros temas mucho más importantes como la lucha contra la corrupción. Vivimos en un mundo de percepciones, la gente ya no es ingenua y los medios que hacen eco de sus apariciones se equivocan con sobredimensionar su actuar. ¿El tiempo nos dará una respuesta?

Domingo, 1 de octubre de 2017
Diario Correo – Huancayo