Tal parece que el objetivo fue influir en la política para obtener beneficio corporativo, pero para ello se necesitaba contar con buenos distractores mediáticos. La actual demanda planteada por Odebrecht para cobrarle al Perú 1200 millones de dólares, luego de obtener varios beneficios económicos, así lo demuestran.

El escándalo de corrupción más grande en latinoamérica, fue el caso Odebrecht que explotó en el 2016. Pero después del 2017, 2018 y 2019 los peruanos se entretuvieron con sucesivos shows mediáticos (Ollanta Humala, Susana Villarán, Alan García y Keiko Fujimori entre otros, fueron los más sonados). Ocurría de todo, mientras se ganaba tiempo para la coartada legal ante cierta ingenuidad de la fiscalía Perú.

El 2019 fue clave. El poder político desde palacio de gobierno, arremetió al parlamento, gran parte del sistema de medios también enfiló su puntería y en setiembre se logró cerrar el Congreso frente al aplauso popular. Pero parece que otros aplaudieron con más fuerza. Porque ya no había control político.

Fue tiempo necesario para que luego de la distracción se arremeta contra el Estado peruano. No les había importado corromper instituciones y funcionarios, tampoco les importaría sacar ventaja a su poder económico. Creo que la actual representación del Congreso, debería demostrar su altura política, hacer control político y enfrentar a los verdaderos poderes fácticos. ¡La historia los juzgará!

Domingo, 09 de febrero de 2020