La suerte política de Martín Vizcarra

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En política, la suerte es un recurso tan volátil como el aplauso popular. La prisión efectiva de 14 años impuesta a Martín Vizcarra no solo marca un hito judicial, sino también el cierre simbólico de una trayectoria marcada por ascensos vertiginosos y caídas abruptas. El expresidente pasó de ser presidente regional de Moquegua a convertirse en Presidente Constitucional del Perú. Y, aunque para algunos fue el mandatario que se enfrentó a poderes fácticos, para otros fue el responsable de quebrar los equilibrios democráticos. ¡La suerte política de Martín Vizcarra!

Lo cierto es que Vizcarra tomó decisiones de alto riesgo político sin contar con los activos indispensables para sostenerlas. Cerró el Congreso en un momento en que el Legislativo acumulaba niveles históricos de rechazo ciudadano, un acto que terminó en una jugada al vacío. Porque, más allá del respaldo efímero que le otorgaban las encuestas, Vizcarra carecía de lo esencial: no tenía un partido político orgánico, no tenía “generales” en el Parlamento que lo defendieran, ni una militancia territorial capaz de movilizarse cuando el viento cambiara de dirección. Su liderazgo se parecía más a una ola mediática que a una estructura política real.

Su condena actual, asociada a los presuntos actos de corrupción durante su gestión regional entre 2011 y 2014 —en los casos del Hospital de Moquegua y las obras de Lomas de Ilo— era, para muchos políticos, un desenlace previsible. No porque estuviera escrita en piedra, sino porque la soledad política, en el Perú, suele ser incompatible con la supervivencia judicial. Sin partido, sin bancada, sin territorio, sin operadores políticos, Vizcarra quedó expuesto como pocos exmandatarios lo han estado.

La lección de fondo es clara: un político no puede sostenerse solo con simpatías momentáneas ni con el aplauso coyuntural de la opinión pública. La verdadera suerte no se mide en trending topics, sino en la fuerza y disciplina de un partido capaz de acompañarlo en la batalla parlamentaria, judicial y mediática. Vizcarra nunca tuvo ese soporte. Y la política peruana no perdona a quienes avanzan sin armadura.

El contraste continental es inevitable. Cristina Fernández de Kirchner cumple prisión domiciliaria en Argentina; Lula da Silva pasó por la prisión para luego regresar al poder como presidente de Brasil. La política latinoamericana está llena de resurrecciones y retornos inesperados. En este tablero, nadie está definitivamente muerto en política salvo cuando ya está bajo tierra. ¡La suerte política de Martín Vizcarra!

La suerte política de Vizcarra es el resultado de una política sin partido, sin militancia y sin estrategia de supervivencia territorial.

Domingo, 30 de noviembre del 2026
Diario Correo

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