Toda esta turbulencia de corrupción, casi generalizada que sacude a nuestro país, supone varias aristas para poner en debate, analizar sus consecuencias e invitar a su discusión. Por lo menos, esa debe ser una responsabilidad de aquellos que están en medios de comunicación. No solamente ser caja de resonancia de hechos noticiosos. La comunicación también es una lucha de ideas y posiciones. Nuestra clase política y periodística está herida y esperemos que no sea de muerte.

Pero peor aún, si el caso Odebrecht es un tema nacional con connotación internacional. Ese tipo de latrocinios se da también a nivel regional y local (hay que denunciar todo indicio, callar sería ser cómplice), no olvidemos que varios expresidentes regionales están o estuvieron presos por corrupción. Digámoslo claro, el sistema de administración pública está corroído por la corrupción. Llegamos a un nivel inconmensurablemente de sospecha de todos aquellos que ingresan a la política. Y eso, no es un buen síntoma social.

Sobre el tema en discusión, los nativos digitales tienen la palabra. Son los Millennials, aquellos nacidos entre 1981 y 1995 (tienen entre 20 y 37 años) y su principal característica es que nacieron en una era digital (un dispositivo móvil es casi una extensión de su cuerpo), críticos y exigentes (valoran de sobremanera su libertad y la experiencia, si algo no les gusta, se van o cambian de razonamiento). Ellos, son los que decidirán los cambios políticos, sociales y económicos para nuestro futuro. ¿Cómo enfrentarán a la corrupción? ¿Serán aún más tolerantes? ¿Fomentarán algún quiebre social?

Domingo, 26 de febrero de 2017