Pareciera que la “chispa” política que encendió Latinoamérica, fue la disolución del Parlamento peruano. Luego fue Ecuador, con el rechazo a la eliminación del subsidio a los combustibles. Continuaron los chilenos, quienes despertaron la furia del león que dormía por muchos años.

En Bolivia, Evo Morales volvió a ganar la presidencia pero ahora lo hace con una sospecha de fraude electoral; tan evidente como su deseo de perpetuarse en el poder. Argentina, definirá si retorna al programa político del Krichnerismo o si desea continuar con la promesa de la alegría de Mauricio Macri; aunque ese cambio, nunca asomó la puerta de los argentinos.

Desde diferentes sectores políticos, se culpa al modelo económico que tutela actualmente a la mayoría de gobiernos en Latinoamérica. Es posible que exista algo de eso. Pero también es cierto que en Perú, se mantiene un modelo económico orientado hacia el mercado desde hace años. Ya casi no hay sindicatos porque la mayoría de empresas estatales se vendieron.

La gente respira una suerte de capitalismo popular, donde cada quien es empleado y empleador al mismo tiempo. La economía creció en términos del PBI. Y como ya había dinero; los sistemas de salud cada vez más llegan a más peruanos. Hay programas sociales como; Juntos, Pensión 65, Qali Warma, Cuna Más, Beca 18, entre otros, que se les acusó de
populismos pero que resultan un muro de contención social. No vivimos en un paraíso, hay mucho por corregir, pero estuvimos peor o igual que nuestros países vecinos. “No es una lucha de clases, sino de pueblos”.

Domingo, 27 de octubre de 2019