En estos días, aún se vive un debate sobre la legalidad constitucional de la disolución del parlamento. Todo indica que será el Tribunal Constitucional el que deliberará el discutible atajo legal que encontró el presidente, Martín Vizcarra, para quitarse del camino a una mayoritaria oposición parlamentaria. ¿La historia lo absolverá?

Una gran mayoría de peruanos aplaude la medida, pero los partidos políticos no pueden quedarse a lamerse sus heridas todo el tiempo. Frente a la adversidad es donde importa la capacidad de resistencia y redefinición de objetivos dentro de una “estrategia política”. Miremos al “kirchnerismo” en Argentina o el “PESOE” en España que luego de derrotas electorales no se dejaron abrumar por la melancolía política. Se pusieron de pie y enfrentaron el problema.

Duran Barba (2017), afirma que, curiosamente los políticos a la hora de definir su estrategia recurren a lo que tienen a la mano como encargar el trabajo a un amigo, un pariente, un periodista conocido o a cualquier persona de su entorno. La estrategia es todo lo que se hace, se deja de hacer, se dice o deja de decir en la campaña. Los políticos se sumergen en lo operativo que a veces ni siquiera se dan cuenta que tienen una estrategia.

Claro que una derrota electoral puede convertirse en algo traumático, especialmente si se vivió en un ambiente rodeado de cortesanos que nunca falta. Pero es ahí donde se conoce el temple y resistencia de los políticos. “La política en gran parte es pasión (emocional), pero la estrategia es racional”.

Domingo, 13 de octubre de 2019