En términos de temporalidad, el gobierno resolvió en ese mismo día una nueva crisis propiciada por ellos mismos. No era para menos, cuatro nuevos ministros tuvieron que juramentar al cargo en cuestión de horas, tiempo suficiente y mucho antes de que las salas de redacción de los principales noticieros o ediciones de prensa del día siguiente puedan preparar titulares que informen lo acontecido.

El presidente, Martín Vizcarra, y su equipo reaccionaron de inmediato antes de que la crisis se generalice y pueda llegar a oídos del ciudadano que no habla de política sino cuando ve o lea titulares de prensa. Es más, casi no dieron tiempo a adversarios políticos o a periodistas para que preparen su artillería mediática. Algunos lo intentaron, pero ya era otra la noticia.

Sin embargo, y tal como afirma el politólogo, Mario Riorda, no importa si la política sabe el camino, andando comunica igual. Incluso el silencio es comunicación. Entonces, por más que el gobierno intente negar los hechos por lo que se aceptó la renuncia de sus ministros, la abundante información sobre las pretensiones de la empresa Odebrecht para cobrar al Estado peruano 1200 millones de dólares por el caso del Gasoducto, aún no se discute a profundidad en los hogares peruanos pero será cuestión de tiempo.

Parece que hay poderes fácticos (políticos y económicos) que aplauden que no se tenga en funciones a un parlamento que haga control político. Equilibrio de poderes que la democracia necesita para su supervivencia. Sin control político, queda la libertad de expresión y de prensa para hacer su trabajo.

Domingo, 16 de febrero de 2020