Es muy posible que después de saber quién ganó, el proceso electoral peruano, habrá entre simpatizantes o militantes que celebrarán si el triunfo los acompañó y rondará la tristeza si en esta ocasión la derrota se cruzó en su camino. Sin embargo, hay que recordar que ningún triunfo en política es para siempre; tampoco las derrotas son para toda la vida.

Lo que quedará después del resultado electoral, será la esperanza de mejorar la vida de los peruanos, especialmente de los más pobres en un país con tantas desigualdades sociales y con tanta voluntad de cambio. ¡No habrá ganadores, tampoco perdedores!

Quizás también habrá actitud de protesta de quienes se resisten a aceptar que fueron derrotados en las ánforas y acusarán algún tipo de vicio electoral. Tal como el expresidente norteamericano Donal Trump movilizó a sus simpatizantes para rechazar el triunfo de Joe Biden, pero después solamente consiguió llamar la atención.

Es muy cierto que de una y otra propuesta política tienen propósitos de sacar adelante al Perú. Hay quienes enarbolan a la economía de mercado como estandarte de desarrollo, pero los que plantean su observación no son seres de otro planeta, sino que tienen una visión política distinta y a ambos hay que saberlos comprender y respetar.

“¡Qué no impere el odio y la venganza que ciega a los hombres cuando Dios los quiere perder!” Los problemas, del Perú, son tan grandes y difíciles de resolver que cualquier triunfo será efímero porque la vida continuará. Y, como dijera César Vallejo ¡hay hermanos, muchísimo que hacer!

Domingo, 6 de junio del 2021
Diario Correo – Huancayo