El corazón de la democracia y que significa vivir en ella es la división de poderes (Ejecutivo, Judicial y Legislativo) y que estos a su vez, gocen de plena autonomía. Ello permite, entre otras cosas la generación de una necesaria tensión de poder.

Sobre este escenario, la estructuración de una oposición política desde un partido o movimiento, es menester su activismo para la construcción de gobernabilidad o generación de consensos (no pactos bajo la mesa).

Prueba de ello, el triunfo de Macri en Argentina y la coalición opositora en Venezuela. Y en España, gracias a su sistema político (Rajoy como presidente y líder del Partido Popular tiene el más número de escaños ganados) pero no lo suficiente para obtener la embestidura para presidir el gobierno Español, por lo cual, está obligado a buscar alianzas o coaliciones políticas con sus otrora adversarios.

Por estos lares, que se cuestiona con tanto ahínco las alianzas, debería mirarse un poco más el modo institucional (PPC – APRA). Los otros acuerdos de última hora y en base a personas, quizás pueden dar resultados electorales a sus patrocinadores (o dueños), pero dudo mucho que sea lo que mejor le convenga a nuestro país y al sistema político. Pues luego y sin miramiento ante una derrota electoral aparecen con otro color político. Total, es la fuerza del olvido.

Entrar en la vida política y ser parte de una oposición, también corresponde al juego democrático. El tema es que tipo de oposición se plantea y asumir los riesgos, más aun, con ataques y campañas de desprestigio que sufren los que osan cuestionar algún nivel de gobierno (local, regional o nacional) ¿quién se anima a construir oposición?

Domingo, 27 de diciembre de 2015