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El fantasma de la desconfianza 

La última encuesta de la empresa encuestadora Datum revela un dato que llama la atención. El 84% de los peruanos no confía en los candidatos presidenciales que se perfilan para elecciones generales del 2026. En otras palabras, solo dos de cada diez electores otorgan un mínimo de confianza a quienes quieren gobernar el país. Los datos muestran un reflejo de un abismo profundo entre ciudadanía y clase política. ¡El fantasma de la desconfianza!

La desconfianza se ha convertido en el fantasma que recorre en proceso electoral. No es una novedad que los partidos en el Perú están debilitados, atomizados y muchas veces reducidos a vehículos de candidaturas personales. Pero lo que sí debería preocupar a cualquier aspirante al poder es que la política ya no solo se enfrenta a sus adversarios, sino también al escepticismo de la gente.  

En las elecciones del 2021, más de 25 millones de peruanos estaban habilitados para votar, pero más de 7 millones prefirieron no hacerlo. Y, de los que sí acudieron, más de 3 millones optaron por anular o dejar en blanco su voto. Es decir, cerca de 10 millones de peruanos decidieron no respaldar a alguna candidatura presidencial.  

El ausentismo y los votos nulos o blancos son la expresión más clara de esa desconfianza ciudadana que aparece como apatía política. No es que a la gente “le dé igual” la política o que no necesita del Estado; es muy posible que los que hacen política no les ofrece razones para confiar en ellos.   

Los candidatos del 2026 tendrán un enorme reto. No basta con discursos incendiarios o promesas de campaña que cada cierto tiempo son las mismas. Recuperar la confianza requiere un esfuerzo de comunicación, transparencia y cercanía. Implica hablarle a ese electorado que ya no se emociona con la forma tradicional de hacer política.  

Si los políticos insisten solo en atacar a sus adversarios, pintar paredes, publicar trivialidades en tiktok, organizar pasacalles o mítines con gente ya convencida podrían dejar pasar por alto a un adversario oculto: el fantasma de la desconfianza ciudadana.

Domingo, 28 de setiembre del 2025
Diario Correo

Quien marca la agenda, marca el poder    

Quien marca la agenda, marca el poder

En los hechos políticos, muchas veces lo más importante no es lo que ocurre, sino la percepción de la gente. Y, esa percepción se construye en gran medida desde la agenda pública o política. No es casualidad que el gobierno de Dina Boluarte, que tiene más de 90% en desaprobación, decidió promulgar en cuestión de horas la ley que permite el retiro de hasta 4 UIT de los fondos de pensiones de las AFP.  ¡Quien marca la agenda, marca el poder!

El gesto político, en apariencia de última hora, no solo apunta al bolsillo de millones de ciudadanos, sino que también busca tomar la delantera en la narrativa política, adelantándose a opositores y medios de comunicación que ya informaban protestas en la calle. 

La jugada política evidencia que controlar la agenda pública es un salvavidas momentáneo. El parlamento ya había dado luz verde a la medida, y la población que en su mayoría ni siquiera tiene fondos en el sistema privado de pensiones observó con distancia o indiferencia. Aun así, el gobierno entendió que, si no ponía un tema sobre la mesa, sus adversarios lo harían, y con mucho más filo. 

Con el triunfo de Pedro Castillo en el 2021, ni él ni su partido Perú Libre lograron controlar la agenda política ni mediática. La narrativa de cambios profundos que los llevó al poder se diluyó en acusaciones de corrupción, escándalos y pugnas de poder. No comprendieron que, en un país desconfiado y polarizado, la ausencia de una agenda clara es un error fatal. El vacío llenó congresistas, opositores y, por supuesto, los medios.  

Los políticos profesionales, curtidos en batallas partidarias, conocen la importancia de la agenda política. Saben que quien logra marcar la agenda no solo ordena el debate, sino que también se comunica con la opinión pública. Y, aunque los medios tradicionales ya no tienen la hegemonía mediática, siguen aun fuertes, más las redes sociales multiplican los canales para difundir mensajes oficiales o extraoficiales. Allí, una noticia se convierte en tendencia en cuestión de minutos.  

En última instancia, la estabilidad de cualquier gobierno sea distrital, regional o nacional depende de su capacidad para proyectar un mensaje central y constante. Si ese mensaje no existe, o si queda sepultado bajo los temas impuestos por adversarios, el costo político puede ser la vacancia o la irrelevancia. ¡Quien marca la agenda, marca el poder!

Domingo, 21 de setiembre del 2025
Diario Correo

La resistencia política del peronismo 

La resistencia política del Peronismo

Los triunfos electorales suelen vender la idea de que la victoria fue de un candidato y de su inevitable visión, estrategia y carisma. Los derrotados, por el contrario, tienden a justificar su fracaso al acusar a sus adversarios, al ataque mediático o a la incapacidad del electorado para comprender su mensaje. Pero la historia reciente de nuestra región demuestra que ni la victoria es eterna ni la derrota significa el final. Es la resistencia política que determina la existencia de un partido político. ¡La resistencia política del Peronismo!

El caso peruano es un claro ejemplo. Desde el 2001, partidos que alcanzaron el poder con un respaldo significativo como Perú Posible, APRA, Partido Nacionalista o incluso Peruanos por el Kambio terminaron en desgracia, fragmentados o prácticamente borrados del escenario político. Hoy, la pregunta es inevitable: ¿tendrá la misma suerte, Perú Libre, el partido que llevó a Pedro Castillo a la presidencia?

Lo que sucede en Argentina es una versión compleja de lo que se puede lograr en política. Muchos daban por muerto al peronismo-kirchnerismo después del ascenso de Javier Milei y su discurso de cambio en contra de la “casta política”. Sin embargo, la reciente victoria de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, con un 47% frente al 33% de La Libertad Avanza, mostró que un movimiento político con organización, bases sólidas y capacidad de resistencia política nunca estará desaparecido.

La lección es clara. El poder y la resistencia política no se mide solo en votos de coyuntura, sino en la capacidad de un partido para tejer raíces sociales, sostener organización territorial y adaptarse a los cambios de una nueva sociedad. Ese “músculo político” permite resistir en la adversidad y volver al escenario cuando muchos lo daban por muerto.

En el Perú, donde los partidos tienden a ser efímeros y dependientes de caudillos de circunstancias pasajeras, el ejemplo argentino debería ser de reflexión. La permanencia no se garantiza con un triunfo electoral, sino con la construcción de una maquinaria política que sobreviva a sus líderes y a las coyunturas.

En definitiva, ni los triunfos son para siempre, ni las derrotas determinan la desaparición. En política, la falta de organización y no tener un ejército territorial o los cibermilitantes en constante actividad es la garantía de la desaparición. ¡La resistencia política del Peronismo!

Domingo, 14 de setiembre del 2025
Diario Correo

El eterno rechazo a los políticos

El eterno rechazo a los políticos 

Martín Vizcarra volvió a dar titulares de prensa. Esta vez fuera de prisión, otra vez con el proceso judicial que le respira en la nuca, pero también continua su popularidad que sorprende en redes sociales. En el Perú, donde los expresidentes terminan en el banquillo de los acusados, el hecho de que Vizcarra aún mantenga popularidad llama la atención de su fórmula política. ¡El eterno rechazo a los políticos!

¿Qué explica su popularidad? No se trata de un balance racional de logros o fracasos de su gobierno. Una posible explicación es que existe un sentimiento mucho más profundo: el rechazo a los políticos. Vizcarra, al igual que otros personajes en América Latina, se alimenta de ese hartazgo ciudadano que convierte a cualquier figura en contra del sistema en un símbolo de resistencia. 

Javier Milei en Argentina o Pedro Castillo en el Perú fueron encumbrados por el mismo combustible: el eterno rechazo a los políticos tradicionales. El problema aparece cuando estos líderes llegan al poder. El ciudadano que los eligió para “sacar a los mismos de siempre” descubre pronto que gobernar no es destruir, sino pactar, negociar y hasta dialogar con los viejos adversarios. Ahí es cuando el desencanto vuelve a un círculo vicioso. 

La gran pregunta es si este rechazo será eterno. En democracias más institucionalizadas, como la norteamericana existe una clase política que se forma para ser políticos. En cambio, en Perú seguimos atrapados en la lógica del “todos son corruptos”, lo que abre espacio a improvisados que ven en el poder una oportunidad de negocio.  

Cada campaña electoral trae consigo la aparición de nuevos rostros que descubren la política y prometen cambio. La experiencia, sin embargo, demuestra que muchos terminan en los mismos vicios que criticaban. ¿Lo dudan? Basta mirar a varios congresistas, alcaldes o regidores actuales para corroborar. 

El Perú necesita políticos con formación. No mesías improvisados ni aventureros en busca de contratos de obras públicas, sino líderes capaces de construir consensos y planificar a largo plazo. Mientras continuamos con el voto solo para castigar, estaremos condenados a vivir entre la desilusión y el eterno rechazo a los políticos.

Domingo, 7 de setiembre del 2025
Diario Correo

El candidato favorito que nunca gana