Después de que, en 1959, Fidel Castro lideró la revolución cubana, muchos jóvenes de ese entonces vieron con entusiasmo el triunfo de la revolución comunista. Sin embargo, con el pasar de los años y ante la evidencia de los hechos, políticos y escritores como Haya de La Torre y Mario Vargas Llosa expresaron su descontento porque la promesa revolucionaria era incompatible con la libertad de expresión, diversidad política y libertad económica.

Es cierto que, en la actualidad, los electores que tienen preferencia por Pedro Castillo no vienen del aire o están locos. Son seres humanos con razonamientos y sentimientos tan igual a los seguidores de Keiko Fujimori. La realidad política varia en función a necesidades de cada familia y en cada localidad.

La promesa de lucha de clases o quitarle parte de riqueza a los ricos para repartir entre los pobres suena a canto de sirena dirigido a sectores populares donde demora demasiado las bondades del modelo económico. Es difícil explicar que ese “modelo económico” cambiará la vida a cientos de familias que no tienen agua y saneamiento en barrios como Echadero, en el distrito de Chilca – Huancayo, donde recientemente estuvo Keiko Fujimori. También es cierto que los gobiernos locales y regionales no administraron adecuadamente esos recursos.

La complejidad de la campaña visibiliza que algunos electores votan por sus afectos, otros lo hacen por resentimientos y temores, pero en esta elección hay una marcada demanda por necesidades básicas. Para ser sinceros, no a todos llega por igual los beneficios del sistema económico y es ahí donde se produce la volatilidad electoral.

Conforme llega el final de la campaña ganará la elección quien mejor comunique propuestas concretas a esos sectores insatisfechos. Luego quizás habrá la tentación de un gobierno de clientelismo político, pero debería advertirse que, si darán comida y agua bebe ser con libertad, no porque alguien los condicione políticamente. ¡Pan y agua, pero con libertad!

Domingo, 23 de mayo de 2021
Diario Correo – Huancayo